Asombro, estupefacción, y cabreo, son tres palabras con significados parecidos pero muy diferentes entre sí… Pongo un ejemplo para ilustrar sus sutiles peculiaridades:
El otro día El País causó mi asombro (según la RAE, sorpresa, pasmo, admiración grande) al publicar una noticia, según la cual, habría al menos 9 parlamentarios catalanes que se embolsan algo más de 21.000 euros en concepto de viajes, a pesar de tener asignado un coche oficial, con su chofer y todo. Los mismos 21.000 del ala que cobran, también, los que viven en Barcelona, es decir, lo que vendrían a ser 70 euros diarios por coger el metro de ida y de vuelta. 21.000 machacantes que son 1.800 pavos cada mes, lo que equivaldría a un sueldo más que majo en un país plagado de mileuristas, en un país en el que el salario mínimo interprofesional está fijado en unos 650 euros.
Uno, como decía, no se había recuperado de ese asombro, que al día siguiente, oye algo que le causa una enorme estupefacción (que según la RAE, es una sorpresa o asombro tan grandes que dejan al que lo padece atónito e incapaz de reaccionar) en el transcurso de una tertulia radiofónica en RAC-1, concretamente al expresidente del Parlament, Ernest Benach, defendiendo a sus compañeros al decir que “los diputados "van por todo el territorio", lo que provoca que "quemen coches, quemen neumático de los kilómetros que hacen". En este sentido aseguró que "deben comprar un coche cada tres o cuatro años porque ya lo han gastado"…"Parece que sean unos vividores y no es verdad. Cierto que no tienen problemas en llegar a fin de mes, pero no viven en la opulencia. Pensáis que no cuidan su territorio?”. No podía más que preguntarme si acaso los catalanes a los que estos señores representan (y ‘cuidan’) no tendrán coches (los que puedan), con sus cuenta-kilómetros, y con sus ruedas que se gastan y que se cambian cada tantos años y que se pagan de sus bolsillos…
Y sumido en dicha estupefacción, quizá ‘incapaz de reaccionar’, no caí en darle a la memoria histórica (o histérica) para poder recordar algo, que al hacerlo un ratito después, me hizo caer en un estado de cabreo (que según la RAE es enfado, malhumor). Resulta que el amigo Benach fue en tiempos uno de esos privilegiados que cobraban la dieta y además tenía coche oficial con su chofer, o choferesa, en su caso. Pero lejos de conformarse con aquello, en esos felices días (para él) se había hecho tristemente popular por haber ‘tuneado’ a su gusto el mencionado vehículo (un Audi A-8 Limusina, cochazo que salía entonces por unos 110.000 euros) al mandar colocar en su interior un escritorio de madera a medida, reposapiés, TV, conexión para mp3 y bluetooth. Todo ello por unos módicos 20.000 euros, que eran pocos en aras de que pudiera ‘cuidar el territorio’ con ese empeño y dedicación que caracterizó a los dirigentes del tripartit.
Esperando que el ejemplo haya valido para ilustrar la diferencia entre asombro, estupefacción y cabreo, desearía también que hubiera sido útil para demostrar la consistencia y dureza de la tez del político de Esquerra y sus compañeros parlamentarios catalanes.
Intentaré desmadejar un ovillejo, dedicado en su honor:
¿Del Parlament, el marqués?…
Ernest
¿Y del tripartit, el crack?…
Benach……………………………………………… (Benach se lee ‘benác’)
¿Por su coche de locura?…
Caradura.
Dícese de aquél que apura,
con chorradas de capullo,
el dinero que no es suyo,
Ernest Benach, caradura





