viernes, 3 de agosto de 2012

DUELO EN LA CUMBRE

Entre las cosas refrescantes que buscamos cuando nos agobia el verano se encuentran, lo que los dominicales dieron en llamar con cierto éxito, los relatos de verano, que no son otra cosa que escritos cortos, poco exigentes (y casi siempre mediocres…) con los que ejercitar (poco) el cerebelo, y no dejarlo tostarse en estos días de asueto. Pues bien, este verano, merced a dos insignes e irreconciliables poetas, el nivel de mi lectura veraniega, no sólo ha subido muchísimos enteros, sino que está siendo de un divertido que no podía ni imaginar antes de empezar con los calores.

Resulta que Fray Josepho (de Libertad Digital) y Monsieur de Sans-Foy (de La Gaceta) se están dedicando a retarse vía-twitter a singulares desafíos poéticos, cuyo producto es una nada desdeñable poesía, que pueden disfrutar en el Blog Zapaterías Rimadas, del que es titular mi admirado Sans-Foy. Allí, leerán sonetos “aliterativos” con el sonido “p” o la sílaba “fra”, que además han servido para que se sacudieran cera los dos vates a base de bien.

Si bien la pugna es entretenida, eso de contemplar al clero y la nobleza retozando por los suelos, descendiendo al lenguaje patibulario y soez, es de un caer… como mínimo al nivel de campechanía borbónica con chándal olímpico; pero eso sí, con talento a raudales. Y como me lo he pasado tan bien leyéndoles, y no tengo ninguna atadura con abolengos y curias, me he lanzado a dedicarles un bi-soneto acróstico al uso:


Fatídico es su golpe, por certero,
rabioso como perro hidrofoboso,
avieso, traicionero, venenoso,
y oscuro como cara de minero.

Jodiente,… y orgulloso,… y altanero,
odioso, y muchas veces revoltoso
si quiere fastidiarte;… El religioso,
en suma, es un cabrón muy puñetero…

Parece que hay un noble vascongado
hiriente, tal cual él, con el que riñe
obviando que la Iglesia le conmina

con todos, a ser bueno y educado,
o más,… ¡A perdonar!, mas no se ciñe,
ni sigue en ese punto, la Doctrina.

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Mas, qué puedo decir, si el que es motivo,
objeto de su dardo, es tan malvado,
no ya, tal cual lo es él, ¡Más!... Que a su lado
se ve, a veces al Fray, caritativo.

Indigno del nivel educativo
en casa de grandeza conquistado,
urdimbre de improperios, su rimado
rebaja hasta al lenguaje delictivo.

Se enzarza y se envilece en la pelea
a muerte que sostiene con el cura.
Ninguno de los dos muestra ternura

falaz por su adversario, y quien lo vea
observará a este par, cómo da brea
y no respeta Casa, ni Tonsura.


 
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