jueves, 9 de septiembre de 2010

SIRVENT EN CANAL33

A principios de este verano, la televisión pública catalana (Canal33) dio pábulo a los delirios de un pseudo-historiador de ideología ultra independentista, Jordi Bilbeny (que debe su popularidad a la prolija investigación en la que lleva años trabajando para demostrar la catalanidad de Cristóbal Colón) emitiendo un reportaje, acerca de las peregrinas ideas de éste, apoyadas en investigaciones que no tan sólo demostrarían, a su juicio, la catalanidad (de origen valenciano) de Miguel de Cervantes, sino que la obra cumbre de la lengua española, El Quijote, no sería más que una burda traducción al castellano de un original catalán destruido por el brutal centralismo, que allá por el siglo S.XVI, ya atenazaba la cultura de nuestra tierra catalana.

Según Bilbeny, Miguel de Cervantes, nunca lo fue, sino que en la realidad era un noble valenciano, de Jijona como el turrón, llamado Joan Miquel Servent, que ocultaba su verdadero nombre con ese alias, para evitar la “censura castellana” (un organismo que vendría siendo algo así como la CIA de la época). De antepasados antitrastamara, Servent fue uno de los primeros catalanistas de la historia, y precisamente por eso, fue perseguido por el poder. “El Cuixot” sería una novela, en catalán, censurada, editada en Barcelona en 1604 y retirada de la circulación al poco, edición que es mencionada por Cervantes en la segunda parte de la novela de 1614, y de la que nunca más se supo. La razón de la misteriosa desaparición sería que esta novela, era en realidad, una nada velada crítica al reino de Castilla, que narraría las aventuras de un castellano que pierde el norte y el raciocinio en La Mancha, y no lo recupera hasta que no pisa tierras catalanas, donde reina la cordura.

El prolífico investigador, que otra cosa no, pero trabajador es un rato, también ha llegado a demostrar, después de sendas investigaciones, que tanto “El lazarillo de Tormes”, como la “Celestina” constituyen, también, traducciones de originales catalanes, destruidos y sustituidos del mismo modo por “la censura”. 

Por lo que llego a dos conclusiones:
La primera, que espero que a Bilbeny no le dé por repasar el Nuevo Testamento, o llegará a convencernos de que Jesucristo era de natural de Reus, o algo por el estilo, lo que armaría un revuelo gordo, allá por las oficinas de turismo de Oriente Medio. 
Y la segunda, que la historia ha sido injusta, con un personaje que ha permanecido anónimo y oculto ante nuestros ojos en el devenir de los siglos… sí amigos, el misterioso traductor ¿Qué se habrá hecho de ese pedazo de monstruo, capaz de conseguir que cualquier texto subversivo catalán que le venía a las manos, después de su ingente labor, se convirtiera, uno tras otro, en obras cumbre de la literatura universal? ¡Qué fiera!...

En fin, que por una vez, agradezco a la televisión pública catalana que impulse en la medida de sus posibilidades el fomento de la cultura, para que las nuevas generaciones adquieran perfecto conocimiento de la historia, y del arte del mundo.

3 comentarios:

Monsieur de Sans-Foy dijo...

Antes, a este tipo de gente, los mozos del pueblo le pagaban unos vinos para que les distrajese con sus chifladuras. Ahora los llevan a la Tele, a ver si hay suerte y se convierten en un fenómeno mediático.
Y bien podría ser, porque los nacionalistas llevan treinta años extendiendo el caldo de cultivo de su chifladura: el resentimiento,
que, a diferencia del pensamiento, no necesita razones.

Love de Pega dijo...

Je, je, je. Ciertas cosas no pueden tomarse en serio.

iNtERMitENtE iMpERtiNENtE dijo...

Aquí lo malo no es que exista un friki como el Sr Bilbeny, sino que algunos jovenes catalanes, y gracias a la televisión pública de aquí, oigan hablar de la existencia, probablemente por primera vez en su vida, y con profusión y difusión mediática suficiente, del Quijote o el Lazarillo de Tormes por boca de dicho memo y hablando de dichas obras en estos términos.

 
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